Mitos y leyendas

junio 2009
zuloark

DEL MITO ANTIGUO AL MITO CONTEMPORÁNEO.

La Torre de Babel (en hebreo: מגדל בבל Migdal Bavel en árabe: برج بابل Burj Babil), es una construcción mítica mencionada en la Biblia. Según se narra en el capítulo 11 del Génesis, los hombres pretendían, con la construcción de esta torre, alcanzar el Cielo. Toda la Tierra tenía una misma lengua y usaba las mismas palabras: «Edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo. Hagámonos así famosos y no estemos más dispersos sobre la faz de la Tierra». Yahvé, para evitar el éxito de la empresa (que se oponía a su propósito de que la humanidad se extendiera por toda la superficie de la Tierra, se multiplicara en ella y la sojuzgara), hizo que los constructores comenzasen a hablar diferentes lenguas y en consecuencia, reinó la confusión y se dispersaron.

Así nos han contado siempre el antiguo mito de la torre de Babel, una egoísta y plana raza humana abanderada por una homogeneidad superlativa, intentaba alcanzar objetivos para los que no había sido criada. Y la antigua visión de Yahvé, un punisher asustado, les confunde y dispersa para que no se entiendan, para que no aspiren al cielo, donde solo él vive. Pero la historia muchas veces se escribe sobre renglones torcidos, y los mitos se transforman y tergiversan a lo largo de generaciones que los interpretan de distintas maneras. Ya es hora que “Babel” que da nombre al mito antiguo arquitectónico de paso al mito contemporáneo, a la historia real (tan real como cualquier otra), a la auténtica versión de lo que pasó y que hasta hoy, nadie se había atrevido a contar.
En realidad a Yahvé no le asustaba la ambición de los humanos, ni su afán por construir hacia el cielo en vez de crecer de manera expansiva, esto último ha quedado suficientemente refrendado. Lo que le preocupó sobre manera, lo que de verdad le puso triste e hizo que su tristeza pasara a miedo y su miedo a aburrimiento, fue la homogeneidad extrema de un colectivo hormiga, donde todos pensaban de la misma manera y actuaban monotonamente. Y su solución no fue un castigo, en realidad casi no tuvo que actuar, no inventó la confusión como se dice sino el espíritu crítico y lo dejó caer. De forma espontánea fueron los hombres los que empezaron a pensar de manera independiente y sus lógicas alternativas les agruparon en comunidades diversas, y estas comunidades discutían diferentes puntos de vista. Y comprendieron la unidad compuesta de la diversidad, con su riesgo, su error, su imprevisibilidad, su divertimento y su colectividad.

La situación arquitectónica actual asume y presume de la rica variedad de especies que la nutren. No permitamos que a Noé se le vuelvan a olvidar especies que subir al Arca, pues sin ayuda es fácil que se extingan. Protejamos las especies de siempre y sigamos favoreciendo que surjan algunas nuevas.

VANGUARDIAS Y MODERNIDAD, NOCHES LEGENDARIAS.
Desde hace mucho menos tiempo que la gran época de Babel, mucha gente se viene haciendo la misma pregunta. Una incógnita legendaria que pica en las consciencias de los hombres y mujeres de nuestra época, un misterio que parece un castigo divino: ¿Por qué en el mundo del Arte (Música, Cine, Literatura y por su puesto Arquitectura), desde hace algunas décadas, nunca coincide la opinión del experto con la de la mayoría de usuarios? ¿Por qué ya nunca el disco más vendido es el que mejores críticas recibe, por qué los taquillazos USA son vapuleados por los críticos de cine, y las “grandes” películas independientes no va a verlas ni el apuntador? ¿Y por supuesto también, por qué las que consideramos buenas arquitecturas ocupan solo un dos por ciento del total de la construcción española?

Un salto demasiado grande separa al mundo de la Arquitectura crítica del usuario que la ocupa, disfruta o padece. Y el por qué de este distanciamiento no es fácil de explicar mirando hacia atrás, aunque seguro que las legendarias e intelectuales noches bohemias de las vanguardias y la modernidad tendrían mucho que decir al respecto. Vamos a optar por mirar hacia delante para encontrar una posible teoría que explique ese distanciamiento, y lo que es mejor, una posible tesis para su solución. Asumimos que es una tesis equivocada, errónea y excesivamente intuitiva, pero ¡qué diablos! somos jóvenes e inexpertos, ¿sino hacemos esto ahora, cuándo lo vamos a hacer?
Observemos las disciplinas que han nacido después de la modernidad y contemplemos la relación que hay entre crítica y público intentando aprender de ellas para descubrir el problema por el que está pasando la Arquitectura. En un rápido barrido, vemos Internet como la gran revolución tecnológica post-industrial y descubrimos como la coincidencia de crítica y público es total. Sin querer hacer publicidad del cada vez más gigantesco Google descubrimos, no solo que es la plataforma más visitada sino que además es considerada la más inteligente e innovadora por la gran mayoría de los críticos . Son sus políticas de diseño las que permiten conseguir esto, políticas que explicitan en todas las fases del diseño la capacidad de evolución y renovación en función de cómo esté siendo utilizada la plataforma por parte de los usuarios. Plataformas de diseño tratadas como objetos críticos.

Ahí es donde apunta nuestra tesis como posible alternativa en el mundo arquitectónico, asumiendo explícitamente en todos los procesos de diseño la necesidad de que la arquitectura aprenda y utilizando constructos críticos como herramientas que nos permitan tener en cuenta en todo momento el aprendizaje de nuestras tipologías, estaremos definiendo la arquitectura que reduce el salto entre la valoración de crítica y público, trabajaremos hacia una arquitectura… que aprende.