• Arquitectura contra la crisis es un artículo de Pedro García, publicado en la revista Tiempo el 21 / 05 / 2010, que habla de cómo nos las apañamos en la profesión en la época de crisis en contraposición al modelo de “arquitectos estrella”.

Pura armonía arrancada del subconsciente, el pabellón español es una de las joyas de la inminente Exposición Universal de Shangai, que comienza el próximo 1 de mayo. El cesto, proyecto de Benedetta Tagliabue, viuda del gran arquitecto Enric Miralles, es un monstruo de mimbre envuelto en un ballet de olas y escamas congeladas. Frágil y elegante. Casi artesanal. Un nido tecnológico que desafía a la retina con un guiño gigantesco.

Penúltima estrella del firmamento arquitectónico español, los aplausos que ha recibido El cesto son una ovación compartida con sus dos compañeros de viaje: el pabellón de Madrid, obra del arquitecto Alejandro Zaera, y el Árbol del aire, del estudio madrileño Ecosistema Urbano, ambos unidos como imagen de la ciudad en China. El primero es una reproducción de la Casa de bambú de Carabanchel –del propio Zaera- y el segundo un clon sacado del Ecobulevar de Vallecas. Tres obras y tres marcas: Tagliabue, Zaera y Ecosistema Urbano; tres direcciones por las que se disemina el presente de la arquitectura española, que en la última década se ha consolidado como una de las más pujantes del planeta.

Otra cosa es la crisis. La era de los arquitectos estrella como generadora de iconos -el efecto Guggenheim- ha iniciado su ocaso y, en paralelo, el sello español se ha ido consolidando como uno de los más innovadores y creativos del mercado global. La cosa cambió en 2006 cuando el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York dedicó la exposición anual OnSite a la Nueva Arquitectura Española, dando a conocer al mundo una generación que andaba –y anda- entre los 40 y los 50.

Santiago Calatrava –que a sus 59 años sigue enfrascado en el intercambiador de la Zona Cero de Nueva York- y Rafael Moneo –que tras ampliar el Museo del Prado ha firmado la Biblioteca de Deusto en Bilbao y está a punto de acabar un pabellón en el campus de la Universidad de Columbia en Nueva York- son y han sido durante años, junto a Ricardo Bofill,
la imagen de la arquitectura española en el exterior.

Los dos primeros, además, son miembros de la rutilante constelación del star system internacional. Como las de Norman Foster, Frank Gehry, Zaha Hadid o Richard Rogers, su sombra, a veces, es demasiado alargada.

Sólo una vez cumplido el medio siglo se puede superar la etiqueta de arquitecto joven. Tagliabue, que ha heredado la marca que compartía con el fallecido Enric Miralles, es una de las mujeres que rondan los 50 junto a la catalana Carme Pinós o Blanca Lleó. En paralelo -quizá más alto- vuelan Rubio y Álvarez-Sala,
autores de la torre SyV de la antigua ciudad deportiva del Real Madrid, o Tuñón y Mansilla, padres del Musac de León y diseñadores del  Centro Internacional de Congresos de Madrid, un enorme sol futurista sobre el horizonte norte de la capital. En el extranjero, ahora que se habla de , resurge de las aguas uno de los proyectos más sonados de los últimos años: la Torre Biónica de Cervera y Pioz, que lleva años de gestación en la periferia de la ciudad china.

Bajo las estrellas.
En la cantera las cosas se mueven a otra velocidad. La figura del arquitecto absoluto se diluye y los proyectos adquieren otro sentido. Es el caso del Ecobulevar de Vallecas, en el sur de Madrid, un conjunto de tres pabellones bioclimáticos construido hace seis años por Ecosistema Urbano, o de la futura Sociópolis: una urbe ecoeficiente promovida por la Generalitat de Valencia. Esta ciudad pensada para el siglo XXI es, de paso, una oportunidad para descubrir el trabajo de algunos arquitectos bien entrados en la cuarentena: Félix Gausa o Vicente Guallart –de 48 años-, director del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (IAAC) y ganador del concurso para el pabellón español de la próxima Exposición Universal, la de Wroclaw (Polonia) en 2012.

El arquitecto del pabellón de Madrid en Shanghai, Alejandro Zaera, que ha presentado en China una reproducción de su Casa de bambú de Carabanchel, es, a sus 47 años, uno de los abanderados de esta nueva arquitectura junto al catalán Enric Ruiz Geli, que está terminando el Media-TIC, símbolo de la  sostenible y seña de identidad del nuevo barrio barcelonés Distrito 22@.

La generación en el tránsito de los 40 ya no busca levantar edificios singulares. Lo suyo es construir –y reconstruir- espacios sostenibles. De Izaskun Chinchilla -2º premio en el concurso para el pabellón de España- hasta Andrés Jaque, Luis Úrculo o Manuel Ocaña, pasando por el sevillano Santiago Cirugeda, centrado en sortear los vacíos legales, reinterpretar y rehabilitar rincones urbanos. Cirugeda construye espacios habitables en azoteas y solares y da rienda suelta a su arquitectura activista desde la plataforma digital Recetas Urbanas.

Arquitectos de futuro.
La arquitectura cambia. La clave es exprimir al máximo la tecnología y su relación con el entorno urbano y natural. La profesión se redefine y cobran protagonismo las relaciones de contorno.

Andrés Perea ha sido profesor de proyectos durante más de 40 años en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (Etsam). Si algo tiene, a sus 70 años, es experiencia. Su estudio es uno de los más prolíficos de España. Ha firmado los últimos dos pabellones del Ifema de Madrid y está preparando la próxima embajada española en Rabat mientras la futura capital administrativa de Corea del Sur -una urbe multifuncional- se levanta inspirada en su plan general. En su opinión, “las nuevas formas de trabajo y servicio a la sociedad deben ser abiertas. Los arquitectos del futuro, jóvenes y no jóvenes, han rebasado el territorio convencional de la disciplina arquitectónica”.

Perea es el impulsor y alma máter del Grupo de Exploración Proyectual (GEP), una experiencia-laboratorio que se imparte en la Etsam de Madrid. Bajo el paraguas de “una década de oro de jóvenes profesionales”, de su caldo de cultivo ha emergido un fenómeno que no sólo pone en cuestión la práctica arquitectónica, sino el modelo de estudio tradicional: los colectivos.

Por las aulas del GEP han pasado decenas de jóvenes talentos de la escena emergente madrileña. María Mallo es una de ellas. Tiene 29 años y vive sin horario. Su familia profesional es el grupo madrileño de arquitectos León11, uno de los más activos de la capital. Como ella, que concibe su trabajo como “un laboratorio de investigación”, arquitectos recién licenciados –y a punto de hacerlo- se unen bajo nombres como PKMN, Zuloark, Basurama, Zira 02, Studio Banana. Eso en Madrid, donde muchos se agrupan bajo la red de conocimiento y recursos Zoohaus para presentarse a los concursos más retadores. Moho Architects, en Murcia, o Mytaki en Granada, que acaban de rehabilitar la Oficina de Turismo de la ciudad, son otros ejemplos de grupos cuyos proyectos se difuminan en la autoría colectiva.

Llevan años consolidándose en la escena profesional española a base de sumar esfuerzos para multiplicar resultados. Cada vez más instituciones y grandes estudios se rifan su talento. “Son una ventana al futuro de la profesión en nuestro país, no sólo por lo que significan como generadores de nuevas áreas de trabajo y fuente de experiencias, sino como auténtica alternativa a la escolástica académica, atrincherada en los mecanismos de encargo [concursos, comisiones institucionales y profesionales]”, subraya Perea.

“No sólo son una experiencia que puede funcionar a largo plazo –matiza Perea–, también son un proceso de formación colegiada compartida por arquitectos y arquitectas muy competentes y conscientes de que la formación del creador no concluye nunca”. Según este veterano arquitecto, el futuro de los arquitectos recién titulados en España no tendrá que ver con “el modelo de arquitecto que titulan las escuelas españolas”. “Muy pocos de ellos, quizá un 20%, podrán sobrevivir sin corromperse en la clásica relación triangular cliente-constructor-arquitecto”, dice.

Ideales compartidos.
En un país que hace 20 años contaba con unos 3.000 arquitectos colegiados y ahora, en pleno descalabro financiero, con las listas del paro a rebosar, supera los 50.000, los ocho miembros de Zuloark, diseminados entre Berlín, Valencia y Madrid, lo tienen claro: definen sus proyectos como “expedientes abiertos” y, ante la escasez, han decidido que la unión hace la fuerza. Son los más radicales. Nadie da su nombre y nadie gana más que nadie, aunque también padecen la crisis. Su trabajo más relevante, el Museo del Almendro de Murcia, está parado, pero sobreviven con más proyectos y clases en la Universidad de Zaragoza. Experiencia no les falta, ya que han codirigido las últimas bienales de Arquitectura Española e Iberoamericana.

Poniendo en entredicho los límites del arquitecto tradicional, el ADN de esta escena efervescente se conjuga al margen de la empresa tradicional, sin cargos ni responsables. Ganan premios en concursos nacionales y europeos, acumulan experiencia y aportan a la escena profesional una frescura que el resto no puede permitirse. Son nativos de la era 2.0. Creación coral. “En esta acepción cultural del espacio público y digital, llevan una década de adelanto a los estudios habituales”, advierte Perea. Reparten los ingresos y no hay jefes. Casi nadie les tose en habilidades y soluciones gráficas. Tampoco hay puestos de trabajo, prefieren los “roles mutables”. Son arquitectos, pero su firma individual no importa, el sello es la colectividad. Si Ecosistema Urbano ha logrado hacer la máquina rentable y profesionalizar su sello, Basurama o Zuloark le siguen de cerca.

El fenómeno no tiene más de cinco años y pertenece a una generación que está transformando, mientras crece, el modelo tradicional de arquitectura. Lo suyo no son los grandes iconos, su tiempo pasa por reconstruir lugares y repensar nuestros entornos. Sus miembros rondan los 30 años y, en un momento crucial para su carrera profesional, han decidido unir fuerzas. Comparten ilusiones y no tienen prisa por dar el salto a un estudio consagrado. De hecho, si pudiesen elegir, muchos no lo darían. ¿Son el futuro de la arquitectura? Perea lo tiene claro: “Su mirada creativa es un nuevo horizonte iluminado”. Nuestro horizonte.

Arquitectura contra la crisis – Tiempo
El frenazo de la construcción y la era post-Guggenheim redefinen el presente y el futuro de la arquitectura española.